
La obra de Elena Garrigolas es sobre la carne, una carne en orgía que reinstaura un caos biológico donde la vida y la muerte no se diferencian. Lo liga con imágenes de cuerpos mutilados, cabezas cortadas, desafiantes elementos fálicos en tensas figuras masculinas/ femeninas/ andróginas, utilizando referencias mitológicas y cristianas. La figura femenina, indiscutible protagonista, ha sido encarnada en una mezcla de dibujo, animación y pintura con técnicas como los pasteles al óleo o el fieltro- materiales que permiten ser directa y violenta. Representa al cuerpo en formas de evitar la objetificación y el narcisismo. Habla a lo universal sin llegar a la idealización, trazando la disposición y la expresión del cuerpo a través de mundos imaginarios de deseo y emancipación. Habla de violencias, del rechazo, de la naturaleza y el cuerpo degradado, un cuerpo que equivale a objeto de deseo, que es también espacio de trauma, dolor, decadencia, enfermedad y muerte. Se sirve de las concepciones patriarcales del cuerpo, que han servido para establecer una identidad de las mujeres en términos esencialistas, ahistóricos y universales.